Recorridos: en moto hasta la carpa

Si algo tienen en común muchos de los cuentos y novelas cortas de Daniel Sueiro es el viaje. El marchar a un lugar con la esperanza de encontrar allí un «nosequé», volver a tu ciudad natal buscando el hogar que dejaste atrás, coger la moto y pasar horas en la carretera con un destino más que claro pero por una razón que no lo es tanto…

Y, como se suele decir, a veces lo importante es el camino. Por eso hoy echamos mano a Google Maps, una herramienta del siglo XX, y la usamos para seguir los pasos de los personajes de Solo de moto y de La carpa allá en los años 80-90.

La carpa

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A primera vista es un recorrido sencillo: solo dos paradas. Pero cuando ahondamos en el texto nos encontramos con que ni fue tan fácil para los actores ni lo es seguirles el rastro.

La novela empieza en Medina de Rioseco, un pueblo a 43 kilómetros de Valladolid. Allí, el grupo de actores que protagoniza la novela corta ya empiezan a sentir el hambre y la cercanía de una Semana Santa que no les dejará trabajar (recordemos que por entonces estaba prohibido hacer funciones de teatro en estas festividades).

Por unas razones u otras, deciden caminar hasta el siguiente pueblo… Villaverde. Aquí ya encontramos el primer problema. Villaverde, al menos actualmente, no existe. En el texto se dice que está a unos 7 km de Medina de Rioseco, lo que correspondería con el pequeño pueblo de Valdenebro de los Valles (que también se ve en el mapa, al sureste de Medina). Sin embargo, justo al otro lado nos encontramos con Valverde de los Campos, quizá un poco más cerca de lo que nos dice el texto (5,8 km), pero no es ninguna locura pensar que Villaverde es en realidad Valverde.

Según Google Maps, esta distancia se recorrería a pie en poco más de una hora, pero estamos hablando de un grupo lento y hambriento, cargando tras de sí con toda la parafernalia de una compañía de teatro.

El resto del trayecto une la perdida Villaverde con la famosa calle de Teresa Gil, en Valladolid, tan mencionada en el texto; y a uno le podría parecer que media hora en coche es más un paseo que un viaje… No quiero adelantar nada, solo que los seis llegaron muertos de frío en el mismo vehículo y no, no era un autobús.

En Valladolid acaba el viaje de los actores, pero no su hambre.

Solo de moto

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El recorrido que hace el protagonista de Solo de moto en su carrera hacia Torremolinos es mucho más sencillo de investigar que el seguido por el grupo de La carpa. No hay pueblos fantasma, ni zonas grises: aquí está todo dicho bien clarito, para que el lector tenga esa sensación no solo de que el motero sabe perfectamente lo que está haciendo, sino también el autor.

De hecho, es tanta la exactitud de lugares en el texto que no es posible reflejarla en un simple mapa de Google Maps. Porque no, no he podido añadir justo la gasolinera a 15 km de Valdemoro, o el cruce que, aunque aparece en el mapa bien visible, ya no se llama igual que en el relato. Al fin y al cabo, los nombres, como los coches y carreteras, cambian y evolucionan.

Sin embargo, sí que sabemos que fue un viaje lento y tedioso a lomos de La Poderosa (que, ahogada al llegar a los 90 km/h, de poderosa tiene poco), con paradas hechas a regañadientes. También sabemos que el motero quiso dar «una cabezadita» en el breve espacio entre Valdepeñas y Santacruz de Mudela, o que La Poderosa sufre su famoso traspiés en algún lugar entre Priego de Córdoba y Loja.

Y, por supuesto, hay una razón por la que el viaje se acaba ahí, en la A-700, a tan solo 8 km de Málaga. A poco más de media hora de Torremolinos.

Pero esos últimos kilómetros se recorren mejor leyendo. Aunque eso ya para junio, cuando se podrá leer tanto esta como el resto de nouvelles de Daniel Sueiro en Novelas cortas para leer en la cama con un pitillo en la boca.

 

Irene Morales

¿Qué ha cambiado desde la época de Sueiro?

 

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[1]Cibeles: 1950 y hoy

La dictadura franquista fue una gran máquina de propaganda. Uno de los objetivos integrales del régimen fue la reeducación, con la que lograban controlar la corriente de información y, con ello, limitar las vidas de los españoles. Un ejemplo de esto fue la formación del Espíritu Nacional[3], una asignatura obligatoria que enseñaba los valores del franquismo y cómo se debía vivir.  Gregorio Cámara, antiguo secretario de ideas de la CEP del PSOE de Granada, describió esta formación como «la narración vital y quintaesenciada de lo que fue la (des)educación de varias generaciones de españoles de la posguerra en clave nacionalcatólica, un espejo fiel del fascismo postizo del régimen y de la básica estulticia de los constructores y divulgadores de su ideología».[4]  También hubo una Sección Femenina[5] que prescribió la conducta de la mujer dentro de la sociedad.  De hecho, la mujer perdió mucha libertad bajo la dictadura.

Estableció por ley una orden patriarcal de dominio masculino que reguló dependencia obligada de las mujeres. Convertidas en seres subalternos, sin derechos, relegadas a la domesticidad forzada del hogar, las mujeres fueron obligadas a permanecer bajo la permanente tutela masculina, sin identidad propia. Los derechos políticos y las conquistas sociales que alcanzaron en la Segunda República fueron denigrados y rechazados sistemáticamente.    -Fundación Pablo Iglesias[6]

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[7] Formación del Espíritu Nacional

Por otro lado, la propaganda se extendió por cada sector. Unos de los ejemplos más notables fue el periodismo, que estuvo bajo una fuerte censura. Esta fue motivación e inspiración para la creación de los personajes de Sueiro: personas viviendo y sufriendo en una España rígida, hecha para los hombres y clases socioeconómicas superiores.

Yo nací en Estados Unidos y ni mis padres ni mis abuelos vivieron la opresión de una dictadura. De hecho, para entender los cambios que provienen de la Transición española tuve que hablar con diferentes personas de varias edades: algunas que nacieron durante la dictadura y que la vivieron al cien por cien y otras que, consideran, no vivieron siquiera sus consecuencias. Las preguntas que les hice están relacionadas con las experiencias personales y vida cotidiana de cada uno. A pesar de que me inquietaba preguntarles acerca de su posición política, concluí que, para entender mejor la época que representó Sueiro en su obra y el posible cambio que ha tenido la sociedad española hasta la actualidad, debía enfocarme en los hábitos y estilos de vida de cada generación, pues en la rutina es donde se suele reflejar el pensamiento político. Por ejemplo, una práctica que para los extranjeros o para las nuevas generaciones puede parecer una ofensa o ir en contra de la libertad de expresión, en generaciones pasadas, por el contexto político y educativo, se vería como lo habitual, lo que está bien, como el hecho de que las organizaciones religiosas tuvieran poder para tomar decisiones de carácter político y educativo.

Entrevistados:

JE: hombre, nació en Torrejón de Ardoz en 1959.

MA: hombre, nació en León en 1964.

MV: mujer, nació en Lausanne, Suiza, en 1965. Volvió a España para estudiar la secundaria  justo cuando acabó la dictadura.

LG: mujer, nació en Madrid en 1987.

ENTREVISTA

¿Puedes describir las dinámicas de tu familia cuando eras pequeño/a?

 JE: Mi niñez fue una época muy rígida, con pocas libertades pero de mucho juego en la calle con amigos. Al fin y al cabo, todo el pueblo era como una gran familia.

MA: Vengo de una familia tradicional de agricultores y ganaderos. Mis abuelos y mis padres han tenido que trabajar muy duro para darnos educación a cuatro hermanos. De pequeños ayudábamos a mis padres en el campo. Todo estaba muy condicionado por la religión, así que lo que esta prohibía estaba presente en la vida tanto del pueblo como de la provincia. También viví parte de la dictadura y, a pesar de que ya era el tramo final, nos faltaba mucho por vivir aún. Dentro del pueblo teníamos libertad para ir y venir, jugar con los amigos… eran otros tiempos.

MV: Mi vida familiar era sana y amorosa. Éramos y somos una piña. No tenía prohibiciones. Solo tengo una hermana menor y éramos igual para mis padres.

LG: Mi familia era y es, en líneas generales, muy permisiva y tolerante. Siempre tuve libertad para tener mis propias iniciativas y en la mayoría de las ocasiones no me impidieron llevarlas a cabo.

¿Puedes describir tu experiencia en la educación?

JE: Mi colegio era un colegio católico: Escolapios de Alcalá de Henares; solo chicos y con mucha disciplina. En secundaria pasé a un colegio mixto mucho más permisivo. Asistí a la universidad por la tarde-noche, después de trabajar.

MA: De pequeño estuve internado en un colegio religioso. En ese entonces, era una de las mejores educaciones que se podía recibir. Según fue avanzando el tiempo aparecieron otras mejores. Pasé primaria en un colegio también religioso que para la época de la dictadura era de buena calidad, aunque condicionada nuevamente por la religión. En ese entonces la religión era otro poder dentro del estado, había que acatarla. Fue en el instituto cuando recibí una educación más al margen de esta, aunque todavía se seguía dando una asignatura religiosa.

MV: Hice la primaria en Suiza. Fue una educación seria y buena. Para secundaria y bachillerato estuve en Madrid. No entré a la universidad hasta los 38 años.

LG: Asistí a distintos colegios, ninguno de estos centros era católico. He asistido a la universidad y aún soy estudiante de doctorado en ella.

¿Cómo es/fue la división de tareas en la casa?

JE: Mi papel era proporcionar lo necesario, aunque intentaba participar  en la crianza de mis hijos.

MA: Lo hacemos equitativamente.

MV: Mi ex marido es cerrajero. Yo me ocupé de las tareas domésticas, los niños y también fuera de la casa.

¿Qué preocupaciones tienes/tenías?

JE: Encontrar el trabajo adecuado, formar una familia…

MA: Ahora, para el futuro pienso en mi hija y en darle una buena educación para que ella pueda decidir sobre su vida y no como yo tuve que hacer, ya que durante la época de la Transición lo importante era tener un trabajo y poder vivir.

MV: Me preocupa el futuro y la felicidad de mis hijos y nietos.

LG: Tengo las mismas preocupaciones que hace unos años, pero estas se van haciendo cada vez más intensas a medida que mi edad aumenta. Me preocupa la inestabilidad laboral, la precariedad económica, la imposibilidad de vivir, entre otras cosas.

——

Aunque muchas de las preguntas realizadas no han sido reflejadas aquí, en las respuestas de estas cuatro personas se aprecia cómo ha cambiado la vida cotidiana desde la muerte de Franco; su fallecimiento dio pie al inicio de la democracia. La economía mejoró y España se convirtió en uno de los países más progresivos en Europa. Sin embargo, no se puede cambiar tan rápido la cultura y pensamientos de todo un país. Las ideas de género, religión, matrimonio y del mundo laboral son aspectos que siguen ensombrecidos por los fantasmas del franquismo.

Pero… ¿qué es lo que permanece igual? Pues España continúa luchando contra la corrupción, algo que ya estaba muy presente en el franquismo. Además, también se ve un resurgimiento de ideas de extrema derecha en el ámbito político. Por otro lado, Franco cambió la hora para estar en la misma zona horaria que Hitler y, hasta la fecha, esto sigue sin cambiarse, lo que aún genera un debate candente.

Por Abina Isabella Cohen

Referencias:

[1] https://www.pinterest.es/pin/310889180499503270/?autologin=true

[3] https://es.wikipedia.org/wiki/Formaci%C3%B3n_del_esp%C3%ADritu_nacional

[4] https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/Formacion-Espiritu-Nacional_6_362623746.html

[5] https://es.wikipedia.org/wiki/Secci%C3%B3n_Femenina

[6] http://www.fpabloiglesias.es/actividades/jornadas/660_mujeres-dictadura-franquista

[7] http://estebanmiracaballos.blogia.com/2010/011906-la-formacion-del-espiritu-nacional-en-la-escuela-franquista.php

 

De Solo de moto a El puente

El puente es la adaptación de Juan Antonio Bardem al cine de la novela corta más renombrada de Daniel Sueiro: Solo de moto. Su primer plano,  el de una mujer a la que un grupo de mecánicos tratan como un simple objeto sexual, ya habla mucho de la diferente perspectiva con la que se mira la historia adaptada, la de un chico perdido en la vida que no sabe muy bien adónde se dirige ni por qué. En la película este ya no es un chico, sino que es un hombre maduro, fácilmente cuarentón, interpretado por Alfredo Landa y esta vez con nombre: Juan. En su caso, también parece que sí que alguna vez ha tenido éxito con las mujeres (única preocupación del hombre español de los 70). Las pequeñas diferencias al final son esenciales: el protagonista de Solo de moto no sabe realmente lo que es una mujer, es un objeto idealizado del que tampoco intenta entender mucho, una idea en la que proyectar su masculinidad.

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El título también cambia la percepción con la que entender el material. Mientras Solo de moto —como si la moto fuera un instrumento musical— hace hincapié en ese monólogo interior que va a ser constante en el camino, El puente se refiere a unas vacaciones que Juan tiene esa semana, en las que aprovecha para ir a Torremolinos. ¿El motivo? Unas extranjeras que van en coche le piden direcciones, y él dice que le sigan, que él también va para allá. Habrá mucho más diálogo y serán estos otras personajes los que darán forma al cambio que se producirá en Juan poco a poco. En una escena justo antes de empezar el viaje a Torremolinos, Juan discute con una chica que él cree que es su pareja, y nos llega el primer eco de uno de los temas principales de la película: desde el televisor suenan noticias relacionadas con el desempleo y la economía del país, y la familia de ella come sin prestar atención.

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En el fondo, la idea del puente, 60 horas solo, aterroriza a Juan. «Nadie me espera y nadie me busca», dice, sentado en su moto. Ya en el camino, como en una clásica road movie, se encuentra con personajes que en su mayor medida expresan de una forma u otra su descontento con la situación de la España del momento. Le hablan de gente obligada a salir de España por la precariedad en el campo, de presos políticos, de la represión. «Mande quien mande tú tendrás que seguir currando», dice Juan. La imagen de Franco, siempre de fondo, nunca desaparece. Él empieza a tomar consciencia de estos problemas, sobre todo después de que se rían de él en un viñedo, por estar robando uvas. Ahí está la diferencia principal entre ambos protagonistas: mientras que Juan cambia y deja de ser esa persona inconsciente, el protagonista de Solo de moto solo se da cuenta de que hay algo mal, de que no es feliz, pero intenta no pensarlo demasiado, sin encontrar ninguna solución.

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Cuando llega a la costa de Torremolinos, Juan deja la moto en la misma playa y dice: «Por lo menos ya has visto el mar». Se toma unos segundos. «Y ahora qué». Vuelve de noche a Madrid con imágenes en su mente de las que ya no puede ni quiere escapar. Ha dejado de ser un simple mecánico que no se pregunta nada. Mira sus manos doloridas y luego a sus compañeros de trabajo, que ahora ve como otros hombres iguales que él, en su misma posición, con los mismos problemas.

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Por Borja Aranda

Rescatar la literatura para conocer la historia

De no ser por las distintas formas que encontraron los antepasados para hacer indiscutible la existencia de su civilización, longevidad y transformación, probablemente hoy no tendríamos una idea tan sólida, como la que creemos tener, sobre cómo se construyó y a su vez destruyó el mundo para llegar a la formación territorial y cultural de la que hoy somos testigos.

A pesar de que la evidencia más contundente de ese pasado lo podemos atribuir a las piezas arquitectónicas ―que al día de hoy son posibles de apreciar en varias partes del mundo―, de nada valdrían estas para el conocimiento actual si no contasen algo más sobre el momento en el que fueron construidas y eso solo se ha logrado a través a los sistemas de escritura que las mismas civilizaciones crearon para sí y que dejaron grabadas en distintas formas.

Pero ¿a qué viene todo esto? El reconocer la función social que desempeñan la escritura y lectura en la construcción de los pueblos permite que la historia exista y que se siga construyendo. Es decir, las naciones necesitan de la literatura para poder existir yliteratura_latinoamericana permanecer en el tiempo. Si la única herramienta para contar los sucesos fuese el voz a voz seguramente la historia se hubiera tergiversado hace mucho y en exceso.

Las múltiples perspectivas de una misma situación leídas desde un punto de vista externo forman una imagen clara sobre lo que sucede y permiten a ese lector crear un ambiente imaginario visto a partir de distintos ángulos para entender aún mejor el contexto.

Pensemos por ejemplo en los escritos de la Edad Media sobre los caballeros castellanos, podemos tener una idea de cómo eran sus travesías y luchas pero ¿no es mejor si se conocen a través de la pluma de quien fue testigo de la época y las cuenta con la misma pasión y osadía del momento, así como se percibe en el Cantar del Mío Cid? ¿O viendo  cómo, cid-flickrtiempo después, el contexto no permitía concebir que los héroes de caballería descritos en el pasado fuesen del todo fieles a la realidad y dieran motivos a Cervantes para crear su gran hidalgo? Estas perspectivas de distintos textos le dan elementos de sobra a quien las lee para recrear la historia y entender el contexto según el tiempo en el que fue concebido el texto.

Entonces, ¿qué pasa cuando la historia no se cuenta, cuando se omite, cuando no se escribe? Se da un salto en el tiempo del que difícilmente se puedan librar las generaciones póstumas e incluso las mismas que testificaron ese momento de la historia. Si no existe ese algo que les recuerde lo sucedido o que les explique el proceso por el que pasó el país y por ende ellos mismos, queda un vacío de información que, además de ser grave en sí, genera una incomprensión desde todos los puntos externos que no testificaron ese lapsus.

Llenar el vacío de información que existe en las generaciones pasadas, las actuales y evitar el de las venideras respecto a la época de la transición, se puede lograr104469_540x711 recuperando textos que han sido olvidados y que desean contar lo que no han querido los otros que han podido por tomar una postura silenciosa y evasiva de lo sucedido.

Por lo anterior,  y otros motivos como el de mantenerse fiel a su objetivo inicial de testificar y revelar las vidas de los abandonados y marginados, o el de lograr que su literatura sea tan digerible e inteligible como hace cincuenta años, es que un escritor como Daniel Sueiro junto con sus personajes deben ser recuperados y desempolvados del olvido por el mundo actual, permitiendo que la historia se cuente desde el lado menos heroico y más admirable.

Laura Lee

 

Educación y cultura en la sociedad de Sueiro

La cultura y la educación son un pilar básico en la sociedad. La educación es transmisora de ideologías, principios y valores. Por esta razón, los gobiernos saben que una de las maneras más efectivas de influir en la población es mediante el control del sistema cultural y educativo. Por ejemplo, los valores que se deciden exaltar en determinada época responden en gran medida a los intereses que posean los grupos a cargo. Uno de los ejemplos más representativos fue el periodo franquista en España, el cual fue retratado en diferentes etapas por Daniel Sueiro. A través de su literatura, Sueiro nos presenta un reflejo de la época y de la sociedad en la que le tocó vivir.

En las historias y personajes de Sueiro vemos muy bien representados los valores que se transmitían en ese entonces; de esta manera somos testigos de la gran importancia que tiene la Semana Santa, al grado de que durante esos días el único entretenimiento proviene de las procesiones, o vemos las actitudes misóginas de un pobre chaval que sexualiza a toda mujer que conoce puesto que no sabe otra forma de relacionarse con ellas. La raíz de todo esto proviene justamente de la educación y la cultura de la época, a la cual el autor señala sin decir nada al respecto explícitamente. Quizás a los lectores más jóvenes nos cueste un poco de trabajo entender estas situaciones o la actitud de los personajes de Sueiro, puesto que habla de una época con la que varios de nosotros no estamos muy familiarizados o tal vez pensamos que ya ha sido superada.

Conocer cómo era la educación y cultura durante el régimen franquista nos puede ayudar a entender algunos rasgos de esa sociedad. Sabemos que una de sus principales características fue la exaltación de los valores culturales fomentados por la Iglesia y los sectores conservadores. La escuela fue el medio idóneo para llevar a cabo el adoctrinamiento ideológico de las nuevas generaciones; esto significaba el control directo o indirecto de la Iglesia católica en la enseñanza formal, y de la educación no formal (actividades recreativas o de tiempo libre) por parte del Movimiento Nacional (con el Frente de Juventudes para los muchachos y la Sección Femenina para las muchachas). Es más, los sectores eclesiásticos criticaban y se oponían a esto último, por lo que, al margen de sus actividades oficiales, crearon también su propias organizaciones y clubes infantiles y juveniles (Acción Católica, scouts, etc.)1.

¿Qué implicaciones tuvo todo lo anterior? Entre otras, se han descrito las siguientes1,2:

Internados católicos

  • La religión católica era una materia obligatoria en todos los niveles y modalidades de enseñanza, incluida la universidad, promoviéndose en todos ellos, en especial en la enseñanza primaria, las actividades, símbolos y espacios religiosos.
  • Todos los ministros de Educación fueron miembros o personas afines a organizaciones tales como la Asociación Nacional Católica de Propagandistas en los primeros años y el Opus Dei más tarde.
  • Gracias a la ley de 1945 sobre educación primaria, la Iglesia adquirió aún más poder sobre este nivel educativo y, además, se reconoció el principio de libre elección de centro docente por las familias, que en realidad significó la reducción de dicha elección a las escuelas católicas o las de un sector público «recatolizado».
  • En la enseñanza media se favoreció la difusión de los colegios de órdenes y congregaciones religiosas al tiempo que, hasta mediados de los cincuenta, se reducía el número de centros docentes estatales y se elevaba el alumnado que asistía a colegios privados.
  • Cualquier niño, adolescente o joven que quisiera, y pudiera, participar en actividades recreativas o de tiempo libre solo tenía dos opciones: o el Movimiento o la Iglesia católica.
  • Se reforzó la desigualdad de género, la separación de roles y las diferencias curriculares con la educación diferenciada por géneros y el aprendizaje de materias «mujeriles», confinando la función de las mujeres al espacio doméstico y a desempeñar la misión de madre, y asignando comportamientos estereotipados a uno y otro género.

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El régimen franquista en general supuso un retroceso en la educación en comparación con los años previos a la Guerra Civil, al punto de que hasta 1951 se alcanzaron los niveles de escolarización de la preguerra. De hecho, la escolarización total de la población de 6 a 13/14 años, obligatoria legalmente desde 1964, no se alcanzaría hasta los últimos años de la década de 19701. Este retraso se explica por la inhibición estatal en el proceso de escolarización, el poco presupuesto estatal dedicado al Ministerio de Educación (3-7%, en el período 1940-1964)1 y la configuración de un sistema educativo pensado más para las clases alta y media-alta que para una población en buena parte marginada del mismo. Justamente esta población marginada es la que interesaba a Sueiro y la que vemos representada en varios de sus personajes, de origen rural, analfabetas, pobres y sin ninguna esperanza de poder salir de la precariedad y la ignorancia.

En el campo de la cultura, educación y asociaciones populares, el franquismo supuso —además de la entrega de este campo al Movimiento o la Iglesia católica— por un lado, la desaparición de toda la red de asociaciones de este tipo (ateneos, casas del pueblo, cooperativas, sindicatos, centros excursionistas, etc.) existentes antes de la Guerra Civil y, por otro, el uso por parte del partido único de la manipulación de masas (publicaciones, radio, cine, espectáculos, música popular o culta, deportes, toros y la televisión) mediante la censura, las prohibiciones y el uso propagandístico de dichos medios1,3. Todo esto con la finalidad de promover la desmovilización y el apoliticismo de la sociedad. A su vez, esta desmovilización de la sociedad coincidió con el mayor alcance de los medios socializadores de la Iglesia católica en el control de las costumbres y de la moral, y en el adoctrinamiento de la sociedad3.

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En general, el franquismo reforzó y extendió por toda la sociedad los conceptos de jerarquía, obediencia, autoridad, jefatura, disciplina, orden, unidad, mando y consignas, entre otros similares, que tendría su reflejo en el predominio de un ambiente familiar patriarcal y, en el contexto educativo, en las relaciones profesor-alumno, la gestión de los colegios y la vida académica y escolar1.

Muchas de las prácticas anteriormente mencionadas nos pueden parecer inconcebibles y parte de un pasado lejano. Sin embargo, no hay que olvidar que en esas prácticas y en esa ideología se encuentran las raíces de nuestra educación actual, que sigue teniendo la misma importancia para la transmisión de valores. Es cierto que tenemos más libertad de elección en cuanto colegios, universidades, actividades de ocio y medios de comunicación, pero todo ello sigue respondiendo a los intereses derivados del sistema en el que vivimos. A pesar de que gozamos muchas más libertades, la educación y la cultura de cualquier país sigue siendo un reflejo del sistema económico y de gobierno bajo el que uno vive. Incluso, la total libertad de expresión es prácticamente inexistente. Pero eso ya será el tema de otra entrada.

Por: Bárbara Rojas

Referencias

  1. Viñao Frago, A. (2014). La educación en el franquismo (1936-1975). Educar em Revista, (51).
  2. González Pérez, T. (2009). Los programas escolares y la transmisión de roles en el franquismo: la educación para la maternidad. Bordón. Revista de pedagogía, 61(3), 93-106.
  3. Sevillano Calero, F. (1999). Cultura, propaganda y opinión en el primer franquismo. Ayer, (33), 147-166.

Hablar de lo que se no se habla: El Valle de los Caídos

Daniel Sueiro apasionado por la historia y comprometido con la sociedad empezó a interesarse por el periodismo. Sin embargo, la época en la que se encontraba no le permitía poder desarrollar con libertad sus ideas. Tuvo que esperar a que llegara la Transición para poder recuperar ese interés.

Su regreso al periodismo llegó en forma de novedad, fue pionero en desarrollar en nuestro país el libro-reportaje, el cual contaría con la sociedad del momento como base para desarrollar sus dotes de investigación, acompañado de un estilo literario propio que
se puede contemplar en cuentos y novelas cortas.

Foto Valle.La verdadera historia del Valle de los Caídos es un gran ejemplo de este nuevo periodismo. Una obra editada por el autor dos veces, la primera en 1976 (Sedmay Ediciones) y la segunda en 1983 (Argos Vergara). En 2006 se volvió a editar este libro bajo la tutela de sus herederos (La Esfera de los libros).

En las páginas de este libro el lector puede encontrar testimonios de los trabajadores en la construcción del Valle de los Caídos, entrevistas con los arquitectos Pedro Arzuaga y Diego Méndez, extractos de periódicos de la época (Arriba, ABC, Índice…).

Un gran y valioso material periodístico que puede hacernos entender la grandeza de Sueiro en este campo. En todo momento, se justifican los testimonios con grabaciones magnetofónicas, notas a pie de páginas donde se explica en qué suplemento, en qué año, en qué periódico se pueden encontrar esos datos… Ejemplos todos ellos de la gran labor que realizó Sueiro.

Este libro no pretende acercar posturas políticas simplemente pretende reflejar la realidad. No hay segundas intenciones, la simpleza en el texto nos acompaña a lo largo de toda la lectura. No es necesario dejarnos seducir por la preocupación que puede suscitar este tema en ningún capítulo se pueden encontrar elementos políticos o frases poco éticas, en este libro solo se encuentra verdad.

Actualmente, se ha confirmado que será el 10 de junio cuando se lleve a cabo la  exhumación de Francisco Franco, muchas revistas recurren al texto de Sueiro para argumentar sobre este tema, otros muchos citan a Sueiro con la esperanza de que alguien vuelva a interesarse por su libro y vuelva a ocupar un hueco en las librerías de este país.

Por: Carla Martín 

¡Bienvenidos!

Os presentamos con gran entusiasmo el blog de Novelas cortas para leer en la cama con un pitillo en la boca, en el que, durante estos tres meses previos a su publicación, ofreceremos información complementaria sobre la obra, el autor y todo lo relacionado con ellos. Con esta edición, en la que, por primera vez, se reúnen todas las novelas cortas del autor, queremos aportar un granito de arena más a ese trabajo incansable que Daniel Sueiro hizo por mostrar la verdadera realidad de España a través de su literatura y su investigación periodística.

Queremos rescatar a un escritor que, por las circunstancias de su tiempo, quedó reducido a un segundo plano en la historia de nuestra narrativa. Y creemos que este rescate es tan importante como necesario, pues en España se ha perdido la memoria histórica, se nos ha olvidado todo; incluido que hablar de historia es hablar de nosotros y que olvidar implica cometer los mismos errores que en el pasado. A través de estas vidas poco heroicas que nos presentan las novelas cortas, Sueiro nos recuerda lo que fuimos y lo que aún somos.

En este espacio también hablaremos de las influencias en la narrativa de Sueiro, su colaboración tanto en televisión como en cine, su aportación al periodismo, su lucha constante contra la censura política y cómo su obra, finalmente, ha alcanzado un carácter universal no pretendido por el autor con el que cualquiera puede identificarse. Al fin y al cabo, las “vidas poco heroicas”, en sus palabras, son las que nos interesan aquí.