Guía para leer en la cama con un pitillo en la boca

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Querida lectora, querido lector:Novelas Sueiro Cubiertas
Con estas preguntas, los editores de Libros de la ballena pretendemos fomentar la reflexión a la que dan pie estas cuatro novelas cortas, sin impedir con esto que descubras estas historias y sus personajes desde tu propia perspectiva. Nuestra intención es solamente la de orientar la reflexión hacia ciertos aspectos que creemos pueden fomentar una lectura más crítica y completa de las novelas y de la España que aparece en ellas.
Esperamos que disfrutes de estas cuatro historias y de las reflexiones que suscitan.

  • Monchito, el nieto de los Chonos, aparece trabajando con las vacas. ¿Dónde debería estar un niño de su edad? ¿Qué representa esto?
  • ¿Cómo han llegado a esta situación en la familia? ¿Por qué nadie sabe realmente quién tiene derecho a la herencia?
  • Rogelio tenía un trabajo estable aunque precario antes de entrar en la carpa, ¿por qué lo deja? ¿Qué busca en la carpa?
  • ¿Por qué no pueden trabajar los actores y actrices durante todo el tiempo que están en Valladolid?
  • ¿Cuánto tiempo lleva Frank fuera de España? ¿Cómo se imagina el país al que vuelve después de tantos años?
  • ¿Cómo se ve Frank a sí mismo cuando llega a Galicia? ¿Cambia esta percepción con el tiempo? ¿Cómo le ven los demás? ¿Concuerda Frank Loureiro con la imagen que tenías de un indiano?
  • El protagonista de Solo de moto no deja de repetirse su plan, ¿a quién pretende convencer de que es eso lo que va a pasar en Torremolinos?
    ¿Adónde va este chaval? ¿Qué busca? ¿Existen las suecas de las que habla?
  • Hay un “mal” común en las cuatro novelas, algo que provoca la misera de todos los personajes pero que no puede ser nombrado directamente. ¿Qué es ese mal? ¿Qué provoca la pobreza moral de los Chonos y su familia, la misera de los actores de La carpa, el desarraigo de Frank, la confusión del protagonista de Solo de moto?

 

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La decadencia del Realismo social de posguerra

El realismo social fue el género que los escritores de la generación del 50 decidieron usar para su producción literaria. Buena parte de esta elección es consecuencia directa de las circunstancias de la época. Como ya hemos comentado en otras ocasiones, no podemos hablar de Sueiro y sus coetáneos sin tener en cuenta el contexto político-social que les rodeaba.

La censura, una sombra siempre al acecho, impedía a los escritores y periodistas expresar libremente sus opiniones acerca de las injusticias sociales y el alineamiento de los individuos que no seguían la doctrina impuesta por el régimen. Sin embargo, en el realismo encontraron una forma de salvar ese callejón sin salida. A través de un lenguaje natural y sencillo y una ficción objetiva consiguieron hacer una literatura comprometida socialmente que pretendía hacer partícipe al lector y generar en él conciencia a la vez que reivindicaban la justicia.

«Bastantes escritores del medio siglo compartieron la idea de que la literatura tenía un valor instrumental y debía desarrollar una función política. La situación histórica del hombre fue preocupación asumida por una mayoría, pero mientras unos defendían el relato de agitación y propaganda, otros se detuvieron en una narrativa objetivista y testimonial que se quedaba en la frontera de la soledad y frustración de las personas. Estos últimos practican, pues, un testimonio de solidaridad con el sufrimiento y una actitud humanitaria».

Santos Sanz Villanueva

Al principio, para los censores, la mayoría de las novelas eran simples historias que no contaban nada interesante (a simple vista, claro). Pero ya en los años sesenta, el realismo social evolucionó a un realismo mucho más crítico en el que la denuncia al régimen y sus esbirros era palpable y visible a ojos de los censores. Obras como La isla, de Goytisolo; Año tras año, de López Salinas o Estos son tus hermanos, de nuestro autor Daniel Sueiro, fueron censuradas y, en consecuencia, publicadas en otros países.

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Además de la censura, otro aspecto que influyó en los escritores a la hora de decantarse por este género fue el profundo desconocimiento que tenían, por un lado, de la tradición literaria de su país (muchas de las obras contemporáneas habían sido censuradas), y por otro, de las corrientes vanguardistas que en aquel momento estaban desarrollándose en Europa.

Así pues, el realismo no solo fue para ellos una nueva técnica narrativa, una mera elección estética, sino que fue un arma contra el régimen, una forma de llevar a cabo su misión ética para con el pueblo español.

A pesar de esto, el realismo, como todo en esta vida, pasó de moda. El público lector se hartó y los escritores también. La sociedad española estaba aburrida, ya no le interesaba una literatura que solo se limitase a retratar la realidad de forma mecánica y monótona, muy pobre estéticamente. Los escritores se dieron cuenta de que lo que escribían no llegaba a su público. Y el realismo entró en decadencia.

Daniel Sueiro, en su ponencia Silencio y crisis de la joven novela española, analiza desde el punto de vista de un escritor realista las posibles razones que le llevaron a él y a sus coétaneos a abandonar este género por otros más experimentales.

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Una de las principales causas para Sueiro fue sin duda la censura, que impedía a los escritores hablar con libertad sobre ciertos temas y publicar sus novelas en España. Muchos autores de la generación del 50 simplemente se cansaron. Algunos dejaron de escribir para dedicarse a otras cosas, otros siguieron escribiendo pero sin mucho éxito.

«Nos hemos puesto a escribir para nuestros compatriotas, los españoles, tratando de contar algo de lo que ocurre entre nosotros, […] utilizando en cierto modo como instrumento o como técnica una forma de realismo simple y franco, sin gran elaboración, sin demasiada complejidad argumental y con un lenguaje que consideramos digno, pero corriente, e incluso popular; […] Mas todo cansa, y creo que nosotros, por lo que se observa, o mejor aún por lo que se deja de observar, nos hemos cansado».

Daniel Sueiro

Además del hartazgo del público por la novela realista, otro aspecto que influyó fue la aparición de un nuevo tipo de novela y de un nuevo grupo de escritores latinoamericanos que empezaban a tener mucho éxito. Sueiro consideraba esa novela «viva, libre, arrolladora, […] escrita en nuestro propio idioma». Para él, García Márquez, Cortázar, Rulfo (por nombrar solo a unos cuantos), estaban «vivos» y escribían «libremente sobre cosas vivas […] sin temor». Esta serie de hechos hicieron que la novela realista española de la segunda mitad del s. xx entrase en declive para dejar paso a técnicas más novedosas y modernas.

«Voy a proponerme como mi primer deber, ante mí mismo y ante los lectores que pueda llegar a tener, ser sencillamente un hombre libre y vivo, un escritor libre y vivo. No se puede soportar ni un día más el aburrimiento, el aburrimiento del país, el aburrimiento de todos nosotros».

Daniel Sueiro

Por Sara Salsón

Hablar de lo que no se puede hablar: Sueiro y la censura

La libertad de expresión es un derecho fundamental de los seres humanos. El artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos establece que:

«Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión».

Censura
CC BY 3.0 / Jennifer Moo / 366 – 350: You can’t shut me up

Teniendo en cuenta la importancia de ese derecho, el 3 de mayo se celebra el Día Mundial de la Libertad de Prensa y consideramos que esta fecha es una excelente oportunidad para recordar cómo se enfrentó nuestro autor a la privación de este derecho durante la dictadura franquista.

Como se ha mencionado anteriormente, Daniel Sueiro vivió en una época en la que el gobierno controlaba todo tipo de información y limitaba la expresión de aquellas ideologías contrarias al régimen. Esto generó resentimientos y frustraciones tanto a él como a muchos otros profesionales del periodismo, condenados a callar y a mentir. Entre otras cosas, este periodo de la historia española se caracterizó por la marginación del escritor libre e independiente, y de los medios de comunicación de masas, y por la ausencia de una verdadera información completa y objetiva. Tal como lo menciona el propio Sueiro en el prólogo de la edición española de Estos son tus hermanos (Zero, 1977), esto ocasionó que muchos escritores se abocaran a «la titánica tarea y acaso inútil pretensión de cubrir con sus libros algunos de los vacíos que dejaban esos medios de masiva confusión, a suplir con sus relatos determinadas faltas de información, a revelar con su pluma hechos que normalmente debían de ser de sobra conocidos por todos y justamente enmendados por la misma naturaleza de las cosas».

Esta situación lo marcó profundamente y fue la razón por la cual alrededor de 1960 su trabajo en la literatura era también un trabajo moral. En más de una ocasión Sueiro mencionó su intención de utilizar la literatura como arma o como medio para denunciar lo que ocurría en la sociedad de ese entonces; buscaba con sus novelas y relatos hablar de temas sociales que no se abordaban de ninguna otra manera. Sentía en especial un compromiso moral con los oprimidos, los marginados, los solitarios y los perdedores: «material humano» con el que solía construir sus historias y que están presentes en todas sus novelas cortas.

«…lo que todos o casi todos los novelistas [españoles] hemos hecho fue elegir para ser tratados en nuestras novelas temas, hechos, vidas, personas, desgracias, miserias, injusticias en fin que en ocasiones no deberían de ser tratados en las páginas de los periódicos, pero que no lo eran, o mejor, que ni siquiera deberían tener lugar ni ocurrir en un país civilizado, pero que ocurrían y ocurren».

Sin embargo, esta situación también provocó que en muchas ocasiones la censura prohibiera la publicación de ciertas novelas. En algunos casos, cuando esto sucedía, otros países pedían editarla y promocionarla como un libro prohibido por la censura española.

Estos son tus hermanos

Un ejemplo de esta censura fue la prohibición de la novela de Sueiro Estos son tus hermanos, la cual finalmente tuvo que ser publicada en México en 1965.La razón de su censura fue el tema que abordaba: el regreso del exilio a finales de los cincuenta de los españoles republicanos y vencidos con la esperanza de poder empezar de cero pero que, sin embargo, se encontraban que no todo había sido olvidado. Los censores argumentaban que dicha novela atentaba contra la convivencia de los españoles y que por eso no podían permitir su publicación.  Incluso, como menciona Fernando Valls en su prólogo a la reedición de Los conspiradores (Menoscuarto, 2005), Mario Camús y Carlos Saura hicieron un guion de esta narración que no pudo rodarse porque también lo prohibió la censura. No fue sino hasta 1977, una vez terminado el periodo franquista, que la novela por fin se pudo editar en España. 

Aunque la censura de esta novela fue probablemente la más notable, no fue la única vez que Sueiro tuvo que enfrentarse a la censura. Años antes ya había tenido problemas para publicar su libro de cuentos Los conspiradores, a pesar de que fue ganador del Premio Nacional de Literatura en 1959. El autor tuvo que esperar cinco años para verlo publicado finalmente por la editorial Taurus en 1964, aunque el contenido del libro ya no era el mismo. Asimismo, en Novelas cortas incluimos «Fuego aparte», la cual, aunque le valió a Sueiro el Premio Nacional del SEU de novela corta en 1958 con el nombre de «La herencia» no había sido publicada hasta ahora. A pesar de que no lo sabemos a ciencia cierta, creemos que la razón de esto fue también la censura puesto que es un texto tremendista que habla de la gran pobreza material y moral que existía en las zonas rurales de la España de aquella época.

A través de los escritos de Sueiro, podemos conocer un poco acerca de la miseria y dificultades que no aparecían ni se mencionaban en los medios de comunicación de aquel entonces. A pesar de la censura, Daniel Sueiro fue un escritor comprometido con la libertad y con su pluma e ingenio denunció el régimen autoritario en el que vivió.

En síntesis, leer al autor es recordar que la libertad de expresión es un derecho por el cual se debe luchar hoy y siempre.

Bárbara Rojas

Cuatro voces para contar cuatro historias

Cada semana que pasa va quedando menos para la presentación de las Novelas cortas y para que todos podáis disfrutar con su lectura, esperamos que tanto como disfrutamos nosotros editándolas. Para ir abriendo boca y conociendo un poco más en detalle las novelas, en esta entrada nos imaginaremos a Daniel frente a la máquina de escribir, seguramente con su pitillo en la boca, decidiendo las mejores formas de contar sus historias, eligiendo a los narradores más adecuados, sus voces y sus puntos de vista.

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Como podréis comprobar con la lectura de su primera novela corta, la inédita Fuego aparte, Sueiro decide presentar esta historia de la forma más directa e inmediata posible y deja que las acciones y los personajes hablen por sí mismos. El narrador en este caso se limita a relatar los movimientos, los gestos, casi como si de acotaciones teatrales se tratase. Todo el peso dramático, pues, queda en los personajes, no en la voz que nos cuenta la historia. Con La carpa llega la narración en primera persona que mantendrá en el resto de las novelas, pero también el uso de esta técnica evolucionará mucho. El narrador de La carpa, Rogelio, funciona como un punto de vista muy cercano a la historia, está dentro del grupo, pero no tiene un especial protagonismo por encima del resto de integrantes en lo que a la acción se refiere. Es eso: un punto de vista desde el que lo vemos todo, y su subjetividad solo se deja ver en ciertas ocasiones.

 

En El regreso de Frank Loureiro, la tercera novela corta de Sueiro, volvemos a la tercera persona. Frank no es el narrador de su propia historia como sí ocurría en La carpa.  Sin embargo, nos encontramos en esta novela con un narrador muy invasivo, que afecta nuestra forma de ver la historia y sus personajes. En contraste con el propio Frank, que se deja llevar como si él no tomara decisiones en su propia vida, el narrador se hace notar y nos hace ver al propio Frank de una forma determinada: lo describe como “insignificante”, habla de su “pequeño cerebro”, etcétera. Y por último, con Solo de moto, la última de las novelas cortas, pasamos de un narrador que nos afecta a la hora de ver el protagonista, a una narrador que es el protagonista, volvemos a la primera persona. Todo el viaje del protagonista lo conocemos a través de sus propias impresiones y toda la novela está en su voz, en sus pensamientos. Dentro de poco podréis disfrutar de esta lectura, podréis meteros en la cabeza de este chaval y conocer así sus frustraciones, sus cabreos, sus intentos de convencerse de algo que sabe que es mentira. Todo está en su pensamiento, en su incapacidad para comprender lo que le pasa; su voz es la novela.

A nosotros nos apasiona esta capacidad de Daniel Sueiro para contar historias, para elegir las voces perfectas para contarlas y para mostrarnos así a los personajes de formas muy diferentes, desde la inmediatez de la acción de Fuego aparte hasta el hilo del pensamiento del protagonista de Solo de moto. Esperamos que a vosotros también os atrapen estas voces y que disfrutéis de sus historias.

¡Bienvenidos!

Os presentamos con gran entusiasmo el blog de Novelas cortas para leer en la cama con un pitillo en la boca, en el que, durante estos tres meses previos a su publicación, ofreceremos información complementaria sobre la obra, el autor y todo lo relacionado con ellos. Con esta edición, en la que, por primera vez, se reúnen todas las novelas cortas del autor, queremos aportar un granito de arena más a ese trabajo incansable que Daniel Sueiro hizo por mostrar la verdadera realidad de España a través de su literatura y su investigación periodística.

Queremos rescatar a un escritor que, por las circunstancias de su tiempo, quedó reducido a un segundo plano en la historia de nuestra narrativa. Y creemos que este rescate es tan importante como necesario, pues en España se ha perdido la memoria histórica, se nos ha olvidado todo; incluido que hablar de historia es hablar de nosotros y que olvidar implica cometer los mismos errores que en el pasado. A través de estas vidas poco heroicas que nos presentan las novelas cortas, Sueiro nos recuerda lo que fuimos y lo que aún somos.

En este espacio también hablaremos de las influencias en la narrativa de Sueiro, su colaboración tanto en televisión como en cine, su aportación al periodismo, su lucha constante contra la censura política y cómo su obra, finalmente, ha alcanzado un carácter universal no pretendido por el autor con el que cualquiera puede identificarse. Al fin y al cabo, las “vidas poco heroicas”, en sus palabras, son las que nos interesan aquí.