Los emigrantes de Sueiro: la condena del siempre retorno.

Los hay a pie, tren, barco o avión. Los hay imprevistos y planeados, duraderos o cortos, también los hay forzados o voluntarios…  Y, sobre todo, los hay soñados.

Un enfoque fundamental en las en las tres novelas cortas de esta edición ya publicadas anteriormente (La carpa, El regreso de Frank Loureiro y Solo de moto), es el viaje que emprenden los personajes impulsados por el mismo motivo: la esperanza. Por un lado, están los integrantes de la compañía de teatro que viajan durante días de un pueblo a otro esperando que en alguno de esos estalle su fama y logren escapar del hambre viviendo de actuar. Por otro, está Loureiro que se devuelve a España con el profundo deseo de que adonde vaya lo vean lleno de éxito y dinero, siendo que todo lo que ha hecho en realidad es nada, nada para lograrlo y debe hacer otro viaje de regreso a la ciudad que lo ha consumido por más de cuarenta años. Mientras que el motero, en medio de su absoluta ignorancia, anhela llegar a Torremolinos en un fin de semana para tener algo que contar el lunes que vuelva al taller, sin embargo sus escasos recursos y falta de dirección y conocimiento, le impiden cumplir con su objetivo y al final la única alternativa es volver.

Dedicada el emigrante
Estatua en Tocón (Granada, España), dedicada al emigrante.

Además de tener el viaje como factor común, estas tres historias se asemejan entre sí por el hecho de que sus protagonistas emigran por lo menos dos veces durante la historia y la trama se desarrolla en ese largo recorrido que hacen para buscar otras opciones… Sentir que tienen un propósito distinto al de sobrevivir. Sin embargo, por más que se atrevan a escapar del destino impuesto, deben volver a él porque en realidad es lo único que conocen, es su condena al siempre retorno. Entonces, aparece otra cuestión ¿por qué Sueiro retrató en tres diferentes historias, personajes y contextos un mismo tema? ¿Qué lo motivó? La razón más evidente, era el de sacar a la luz la verdad de muchos que fueron víctimas ―indirectas si se mira desde estadísticas mortandad, pero directas si se perciben desde las consecuencias sociales a la fecha―del régimen, que no distinguía entre en jóvenes, adultos, hombres, mujeres o niños, sino solamente de lo que estaba hecho a molde o no de las políticas establecidas.

Trasponiéndolo a la realidad actual de muchos en otras partes del mundo, se asemeja a la carga que deben aceptar todos los de clase media y baja ―aquí me incluyo― que desea encontrar mejores alternativas, otro estilo de vida fuera del lugar de origen, pero que muy en el fondo también sabe que debe regresar. Sueiro veía claro el deseo de emigrar, al fin y al cabo, también fue emigrante al salir de Galicia e instalarse en Madrid, con el deseo que siempre expresó de querer volver y en sus palabras, la necesidad de partir «se debe sencillamente a ese afán de escapar del ahogo y de buscar la propia identidad que son comunes a cierto tipo de desarraigados caminantes», tal como intenta reflejar en varios de sus personajes e historias, que además de querer escapar, desean encontrar un motivo menos miserable que el de solamente resistir a las amenazas de una sociedad que no les permite encajar.

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Daniel Sueiro en la década del cincuenta. Foto extraída del archivo de los herederos.

Al parecer, con estas tres novelas no le bastaba para contar o, mejor, retratar lo que estaba sucediendo debido al contexto sociopolítico que tanto caló en la España del entonces y, tristemente, del ahora, por eso extendió su crítica y preocupación a otras obras como en Estos son tus hermanos , donde lo que se cuenta

«está basado o inspirado en algunas cosas que empezaron a ocurrir a finales de la década de los años cincuenta, y siguieron ocurriendo después, cuando algunos españoles de los que se habían exiliado al final de la guerra, republicanos y vencidos, comenzaron a asomarse a las fronteras e incluso se decidieron en algunos casos a traspasarlas y regresar a su patria, limpios de cualquier responsabilidad de las que entonces se averiguaban aún con tanto ahínco, como si de limpieza de sangre se tratara ante un tribunal de la Inquisición».

Para muchos, la emigración fue obligatoria… Fueron exiliados, censurados y amenazados, por lo que se única opción era partir a pesar de anhelar constantemente el regreso y contar a otros lo que hicieron con ellos y lo que pasó realmente en el país. Sueiro lo captó y dejó en evidencia, entendiendo también que los que se van no saben muchas veces qué buscan ¿tranquilidad?, ¿éxito?, ¿venganza?, ¿felicidad? Para la mayoría es incierto, sin embargo como emigrante de mi país y desde una perspectiva actual, puedo declarar que somos más los condenado al siempre retorno.

Laura Lee

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