De La carpa a Los Farsantes

Los farsantes es la adaptación cinematográfica de La carpa, una novela corta de Daniel Sueiro que fue premiada con el Premio de Novela Corta Café Gijón en 1958. Dirigida por Mario Camus y estrenada en 1963, sus planos en blanco y negro nos recuerdan lo lejos que nos pilla esta época a algunos.

Para empezar, ni la novela corta ni la película se entenderían sin saber antes que, en España, estaba prohibida la representación de obras de teatro durante la Semana Santa. Al fin y al cabo, para el pueblo cristiano este es un momento de tristeza, de llorar la muerte de Jesucristo, y se consideraba de una vergüenza y de un mal gusto extremo disfrutar de cualquier entretenimiento en esas fechas. Así, ambas historias nos cuentan las vivencias y penurias de una compañía de teatro que intenta subsistir durante los días de Semana Santa, puesto que no les queda ya nada en los bolsillos con lo que comprar comida y las posadas en las que intentan alojarse no creen en su palabra de que ya les pagarán después.

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Hay grandes diferencias entre La carpa y Los farsantes a pesar de que en el guión también intervino Daniel Sueiro, y la primera de ellas radica en el viaje. Ya hablamos en la entrada anterior de que en La carpa solo se hacía una mínima parada en un pueblo fantasma, Villaverde, pero en Los farsantes la compañía de teatro no deja de parar en distintos pueblos, desesperada por encontrar un lugar donde ganarse unas pesetas. Así, mientras que en la novela corta Sueiro nos refleja la desesperación y el hambre a través del mundo interior del protagonista, del silencio, de la inacción; en la película lo hace mostrándonos un intento tras otro, un fracaso tras otro, sin descanso. De hecho, pocas veces llegamos a ver al grupo actuar.

Una escena que no aparece en La carpa pero que supone un punto álgido en Los farsantes es cuando la compañía es contratada por unos ricachones que buscan solo su humillación, exigiendo un strip tease de la actriz Tina. Lo que más llama la atención de este grupo de adinerados es que está formado mayormente por mujeres y, aunque es un hombre quien sugiere el desnudo, son ellas quienes se muestras complacidas y dispuestas a presenciarlo («Esa gente por dinero hace cualquier cosa»). Ya en una escena anterior se había visto a Tina quejándose de que las mujeres del teatro eran muy mal vistas por la sociedad, lo que desemboca en este punto, con la propia Tina probando sus palabras. Es también repulsiva la forma en la que se propone el strip tease al director de la compañía, con un «Ya conoce a las mujeres, a ellas les gusta lo atrevido», intentando convencerle de que la actriz, aunque no lo muestre, también disfrutará del espectáculo.

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«Déjate de pamplinas y haz lo que te han dicho», le dice el director a Tina cuando aparece en el salón, claramente horrorizada por lo que tiene que hacer. Por supuesto, ella consiente por la promesa del dinero, de dejar de pasar hambre, y la escena se desarrolla con una Tina avergonzada y un público que no deja de reírse de la forma apresurada en la que se quita las prendas, creando una atmósfera radicalmente contraria al erotismo.

También diferentes se ven las relaciones entre personajes, puesto que, mientras en La carpa el narrador está demasiado metido en su hambre y desgracia, dejando que el lector solo capte lo poco que él mismo puede llegar a entender; en la película se muestra claramente. Por lo tanto, donde en la novela corta solo te comenta que uno de los actores es homosexual, en Los farsantes se deja entrever que este, además, tiene pareja, también de la compañía. Por supuesto, todo esto de una forma muy sutil, pues hay que recordar que esta película salió a la luz en plena dictadura.

La película nos deja unos paralelismos tan dramáticos como impactantes, como la conexión entre el Cristo yacente que ve la compañía desde el balcón de su hostal al pasar las procesiones y el plano cenital de esa misma habitación, donde son ellos quienes yacen en las camas, aguardando las noticias del director; convirtiéndonos nosotros entonces en los mirones de un imaginario balcón.

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Los blancos y negros ayudan a mostrar la lentitud, el hambre, el silencio y el frío, y personalmente no creo que una película rodada en la actualidad, a todo color; pudiese reflejar de una forma más intensa y veraz lo que nos quería decir Sueiro con La carpa.

En resumen, Los farsantes es una adaptación que, aunque se centra más en la fuerza de las acciones de los personajes que en la fuerza de lo que sienten por dentro, da la mano y completa perfectamente lo reflejado en La carpa.

 

Irene Morales

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